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Condicionantes externos a la hora de fijar nuestros precios

Lee este interesante texto acerca de Condicionantes externos a la hora de fijar nuestros precios, escrito por Emprendedores Zaragoza

Continuamos con los vídeos dedicados a la fijación de precios y los modelos de negocio lowcost. Si en el último capítulo hablábamos de los condicionantes internos hoy hablamos de aquellos condicionantes del entorno que limitan qué precios podemos poner a nuestros productos o servicios.

Espero que os resulte útil!!

El contenido de esta entrada es gracias al autor de Emprendedores Zaragoza

http://yoemprendo.es/2012/03/08/condicionantes-externos-a-la-hora-de-fijar-nuestros-precios/

¿El dinero te controla?

Lee este interesante texto acerca de ¿El dinero te controla?, escrito por Mujeres Emprendedoras-Como Ganar Dinero

Robert Kiyosaki narra la historia de su vida; donde rescata los valiosos pensamientos de su “padre rico”. Aquí, una de sus enseñanzas que se presta para el debate..
Cuando era niño, mi padre a menudo me decía que los japoneses eran conscientes de tres poderes: el poder de la espada, el de las joyas, y el del espejo.
El espejo simboliza el poder del auto-conocimiento. El conocimiento de sí mismo, de acuerdo con la leyenda japonesa, era el más valorado de los tres.
Los pobres y la clase media demasiado a menudo permiten que el poder del dinero los controle. Al levantarse y simple intentar trabajar más ardua, omitiendo
preguntarse a sí mismos si lo que hacen tiene sentido, ellos se disparan un tiro en el pie cada mañana al partir hacia sus trabajos.
Al no comprender total al dinero, una amplia mayoría de personas permiten que el pavoroso poder del dinero los controle. Ese poder es usado en su contra.
Si usaran el poder del espejo, se preguntarían a sí mismos, “¿Tiene sentido todo esto?” Muy a menudo, en lugar de confiar en su sabiduría interior – ese genio que cada uno tiene dentro de sí- mucha gente se deja arrastrar por la multitud. Ellos simple hacen cosas porque la mayoría las hace. Se conforman en lugar de cuestionarse.
Muchas veces, repiten sin pensar algo que les fue dicho. Ideas como: “diversificar”, “la casa es un activo“, o “tu casa es tu mayor inversión“. “Puedes obtener un recorte de impuestos si contraes mayor deuda”. “Busca un trabajo seguro”. “No cometas errores”. “No corras riesgos”.
Se dice que, para la mayoría de la gente, el miedo a hablar en público es más grande que el miedo a la muerte. Para los psiquiatras, el miedo a hablar en público es causado por el temor al ostracismo, el temor de sobresalir, el miedo a la crítica, al ridículo, o a ser dejado de lado. El miedo a ser diferente, impide que la mayoría de las personas busquen nuevas formas de resolver sus problemas.
Por eso mi padre instruido dijo que lo que más valoraban los japoneses era el poder del espejo, porque sólo cuando nosotros como humanos nos miramos al espejo, encontraremos la verdad. Y la causa mayor por la que muchas personas dicen “Juega a lo seguro”, es el miedo. Y esto es aplicable a cualquier área: deportes, relaciones, carrera, dinero.
Es aquel mismo miedo, el miedo al ostracismo, la causa de que la gente se conforme y no se cuestione ciertas opiniones común aceptadas, o tendencias populares. “La casa es una inversión“. “Obteniendo un préstamo de consolidación de saldos deudores, se puede salir de deudas.” “Trabaja más dura“. “Esto está en promoción” “Algún día llegaré a vicepresidente”. “Ahorra dinero”. “Cuando obtenga un aumento, compraré una casa más grande”. “Los fondos comunes son seguros”. “Este juguete está agotado, pero justo tengo uno que un cliente reservó, pero no retiró aún”.
Los que siguen a la “masa”
Muchos grandes problemas financieros son causados por seguir a la mayoría y tratar de alinearse a los vecinos. En ocasiones, todos necesitamos mirarnos al espejo y ser fieles a nuestra sabiduría interior, y no a nuestros miedos.
En la época en que Mike y yo teníamos 16 años, empezamos a tener problemas en el colegio. No éramos malos chicos. Sólo comenzamos a separarnos de la masa. Trabajábamos para el padre de Mike después del colegio, y durante los fines de semana. Mike y yo a menudo pasábamos horas después del trabajo simple sentados junto a su padre mientras él mantenía entrevistas con sus banqueros, abogados, contadores, agentes, inversores, gerentes y empleados.
Allí estaba un hombre (el padre de Mike), quien había abandonado la escuela a la edad de 13 años, dirigiendo, ordenando, y formulando preguntas propias de personas instruidas. Ellos estaban a su entera disposición, y se rebajaban cuando él los desaprobaba.
Allí estaba un hombre que no había avanzado con la masa. El era un hombre que había desarrollado un pensamiento propio, y detestaba las palabras “debemos hacerlo de esta manera porque así es como todos los demás lo hacen”. También odiaba las palabras “no se puede”. Si usted quería que él hiciera algo, sólo debía decirle “no creo que usted pueda hacer esto“.
Mike y yo aprendimos más sentados en esas reuniones, que en todos nuestros años de escuela, incluyendo la universidad. El padre de Mike no tenía educación formal, pero sí poseía educación financiera, y, consecuente, tenía éxito. El solía decirnos una y otra vez “las personas inteligentes contratan personas que son más inteligente que ellos”.
De manera que Mike y yo nos beneficiamos al pasar esas horas escuchando y, en el proceso, aprendiendo de personas inteligentes.

Extraído del Padre rico padre pobre

El contenido de esta entrada es gracias al autor de Mujeres Emprendedoras-Como Ganar Dinero

http://mujeresemprendedorascba.blogspot.com/2012/01/el-dinero-te-controla.html

"Papá, ¿puedes decirme cómo hacerme rico?" Parte II

Lee este interesante texto acerca de "Papá, ¿puedes decirme cómo hacerme rico?" Parte II, escrito por Mujeres Emprendedoras-Como Ganar Dinero

La historia comienza aquí. Este es solo un fragmento extraído del  
Padre rico padre pobre, de Robert Kiyosaki:

Comienza la lección
“Les pagaré 10 centavos por hora.”
Aún para los estándares de pago de 1956, 10 centavos era bajo.
Michael y yo nos reunimos con su papá esa mañana a las 8 hs. En punto. Mike me recibió en la puerta.
“Papá está hablando por teléfono, y dijo que esperáramos en el porche trasero”, dijo Mike, mientras me abría la puerta.
El viejo piso de madera crujía mientras yo cruzaba el umbral de esta antigua casa. Aunque estaba limpia, necesitaba ser reemplazada
“¿Están listos chicos?” preguntó mientras traía una silla para sentarse con nosotros.
Asentimos, apartando nuestras sillas de la pared para sentarnos frente a él.
Era un hombre grandote, como de 1.80 metros de alto y 100 kilos de peso.
” Mike dice que quieres aprender a hacer dinero, ¿es correcto eso, Robert?”
Asentí rápida, pero algo intimidado. El hombre tenía mucho poder detrás de sus
palabras, y sonreía.
“OK, aquí está mi oferta. Les enseñaré, pero no lo haré al estilo de un salón de clases. Ustedes trabajan para mí, yo les enseño. Ustedes no trabajan para mí, yo no les enseño, y estoy perdiendo mi tiempo si sólo quieren sentarse y escuchar, como lo hacen en el colegio. Esa es mi oferta. Tómenla, o déjenla.”
“Lo tomo”, repliqué, eligiendo trabajar y aprender en lugar de jugar softball.
El día esperado
Más tarde, alrededor de las 9:00 a.m. de una bella mañana de sábado, Mike y yo
estábamos trabajando para la Sra. Martín. Ella era una mujer amable y paciente.. Ella era la encargada de señalarnos nuestras tareas. Pasábamos tres horas tomando alimentos enlatados de los estantes y, con un plumero, cepillábamos cada lata para quitarle el polvo; luego las reacomodábamos prolija. Era un trabajo extremada aburrido.
El papá de Mike, a quien yo llamo mi padre rico, era dueño de nueve supermercados, con grandes playas de estacionamiento.
Durante tres semanas, Mike y yo nos reportamos a la Sra. Martín y trabajamos nuestras tres horas. Al mediodía, acababa nuestro trabajo, y entonces ella dejaba caer tres pequeñas monedas de diez centavos en cada una de nuestras manos. Mas, aunque tenía 9 años y era la década de los 50, 30 centavos no era demasiado excitante.
Los libritos de historietas costaban entonces 10 centavos, así que usual yo gastaba mi paga en historietas, y volvía a casa.
Para el miércoles de la cuarta semana, estaba listo para renunciar. Yo había accedido a trabajar sólo porque deseaba aprender del padre de Mike, la manera de hacer dinero, y ahora era un esclavo por 10 centavos la hora. Y para peor, no había visto al papá de Mike desde aquel primer sábado.
“Estoy renunciando”, le dije a Mike en el almuerzo. El almuerzo de la escuela era miserable. El colegio era aburrido, y ahora ni siquiera esperaba mis sábados con satisfacción. Pero lo que real me afectaba, eran los 30 centavos.
Esta vez Mike sonrió.
“¿De qué te ríes?” pregunté con enojo y frustración.
“Papi dijo que esto pasaría. El dijo que nos encontremos cuando estuvieras listo para
renunciar”.
 ¿Qué?” dije indignado. “¿El estuvo esperando a que yo me hartara?”
“Algo así”, dijo Mike. “La clase de papá es diferente. El enseña distinto que tu papá. Tu mamá y tu papá dan muchas explicaciones. Mi padre es calmo y de pocas palabras. Sólo espera hasta este sábado. Le diré que estás listo”.
Esperando mi turno el sábado, estaba preparado. Incluso mi padre verdadero estaba enojado con él. Mi papá real, el que yo llamo mi padre pobre, pensaba que mi padre rico estaba violando las leyes laborales infantiles y debería ser investigado.
Mi educado padre pobre dijo que yo debía reclamar lo que merecía. Por lo menos 25 centavos por hora. Mi papá pobre me dijo que si no obtenía un aumento, debería renunciar inmediata.
“De todas maneras, tú no necesitas ese condenado trabajo”, dijo con indignación.
El sábado a las 8 de la mañana en punto, yo atravesé la misma desvencijada puerta de la casa
de Mike. “Toma asiento y espera tu turno”, dijo el papá cuando entré. Se dio la vuelta y desapareció dentro de su pequeña oficina cercana a su dormitorio.
La casa estaba vacía, y yo allí sentado en su mohosa y oscura sala de estar, en ese bello y soleado día hawaiano, esperando para hablar con un tacaño que explotaba niños.
Final, quince minutos más tarde, padre rico salió y sin decir nada, me hizo señas con su mano para que entrara a su deslucida oficina.
“Entiendo que quieres un aumento, o renunciarás”, dijo papá rico mientras giraba en la silla de su escritorio.
“Bueno, usted no está cumpliendo su parte del trato”, dije sin consideraciones, casi con lágrimas. Para un muchachito de 9 años, era real atemorizante enfrentar a un adulto.
“Usted dijo que me enseñaría si yo trabajaba para usted. Bien, lo he hecho. He trabajado esforzada. He dejado de lado mis partidos de baseball para trabajar para usted. Pero usted no mantuvo su palabra. No me ha enseñado nada”.
Padre rico se inclinó hacia atrás en su silla giratoria, se llevó las manos a la barbilla, apenas mirándome fija. Parecía estar estudiándome. 

“No está mal”, dijo. “En menos de un mes, ya suenas como la mayoría de mis empleados”.

“¿Cómo?” pregunté. Y continué con mis agravios, sin entender lo que él me estaba diciendo.
“Pensé que usted iba a cumplir su parte del trato y enseñarme. En lugar de eso, ¡quiere torturarme! Eso es cruel. Eso es real cruel”.
“Te estoy enseñando“, dijo papá rico calmada.
“¿Qué me está enseñando? ¡Nada!” agregué enojado. Debería notificar al gobierno sobre usted. Tenemos leyes laborales infantiles, ¿sabe? Mi padre trabaja para el gobierno, ¿sabe?”
“¡Guau!” dijo papá rico. “Ahora suenas igual que la mayoría de la gente que solía trabajar para mí. Gente que, o bien yo despedí, o renunciaron”.
“Entonces, ¿qué tiene para decir?” demandé, sintiéndome demasiado embravecido para ser un niño pequeño.
“¿Cómo sabes que no te he enseñado nada?”, me preguntó padre rico con calma.
“Bueno, usted nunca me ha dirigido la palabra. He trabajado por tres semanas, y usted no me ha enseñado nada”, dije casi lloriqueando.
“¿Acaso enseñar significa hablar o disertar?” me preguntó padre rico.
“Bueno, sí”, repliqué.
“Así es como te enseñan en el colegio’, dijo él sonriendo. “Pero esa no es la forma en que la vida te enseña, y diría que la vida es el mejor de todos los maestros. La mayor parte del tiempo, la vida no te habla. Es como que te va empujando. Cada empujón es la vida diciendo, `despierta; hay algo que quiero que aprendas’“.
“¿De qué está hablando este hombre?” me pregunté silenciosa.
“Si aprendes las lecciones de la vida, te irá bien. Si no, la vida simple continuará
empujándote. La gente, hace dos cosas. Algunos sencilla dejan que la vida los empuje. Otros se ponen bravos y devuelven el empujón. Pero empujan contra su jefe, o su trabajo, o su esposo o esposa. Ellos no saben que es la vida quien los está empujando”.
Yo no tenía idea acerca de lo que él estaba hablando.
“La vida nos empuja a todos. Algunos se rinden. Otros luchan. Unos pocos aprenden la lección y avanzan. Los empujones de la vida son bienvenidos por ellos. Para estas pocas personas, esto significa que necesitan y desean aprender algo. Ellos aprenden y avanzan. La mayoría abandona, y unos pocos, como tú, luchan”.

Padre rico se puso de pie y cerró la vieja ventana de crujiente madera que necesitaba ser reparada. “Si tú aprendes esta lección, crecerás como un joven sabio, rico y feliz. Si no lo haces, pasarás la vida culpando a tu trabajo, tu bajo salario o tu jefe por tus problemas. Vivirás la vida esperando ese gran golpe de suerte que resuelva todos tus problemas”.

Continua leyendo la lección..
Fragmento extraído del Padre rico padre pobre

El contenido de esta entrada es gracias al autor de Mujeres Emprendedoras-Como Ganar Dinero

http://mujeresemprendedorascba.blogspot.com/2011/11/papa-puedes-decirme-como-hacerme-rico_02.html